La historia del progreso económico del país es en gran parte la historia de los obreros que unieron sus fuerzas para formar sindicatos con el fin de negociar en forma colectiva por la dignidad, el respeto, los aumentos salariales y las prestaciones que merecen. Entiendo las lecciones que conlleva esta historia. Y es por eso que me declaro a favor de los trabajadores y los sindicatos. Siendo presidente, me dedicaré a su defensa como una de mis prioridades más importantes.
El récord del presidente Bush respecto al trabajador es fatal. Ha aprovechado cualquier oportunidad para debilitar los sindicatos y dar marcha atrás a los derechos adquiridos por los trabajadores. Como presidente, daré pasos importantes que se debieron haber dado hace mucho tiempo, para ayudar al trabajador norteamericano a lograr mejores salarios y prestaciones, disfrutar de acceso a la atención médica, y tener voz y voto con respecto a sus condiciones de trabajo. He aquí lo que haré:
- Aumentar el salario mínimo.
El valor real del salario mínimo ha disminuido un 25 por ciento desde 1979. Un salario que bastara para vivir era lo correcto para todo trabajador en el pasado, y lo sigue siendo hoy día. Yo apoyo el movimiento por aumentar el salario mínimo, para asegurarnos de que se mantenga al ritmo del costo de la vida en el futuro.
- Facultar a los trabajadores para que se puedan organizar.
Siendo presidente, abogaré por la ley que implante las fichas firmadas para formar el sindicato (el proceso denominado card check en inglés) que les exigiría a los empleadores reconocer a los sindicatos una vez que una mayoría de los trabajadores indiquen su intención de sindicalizarse.
- Ponerle fin al cierre de sindicatos.
Lamentablemente, el hostigamiento, la intimidación y el despido de organizadores, no es una reliquia de los años 30. Es algo que se ve a diario hoy en día. Durante mi gobierno, prestaremos mucha atención a la identificación y el enjuiciamiento de tales actividades ilícitas.
- Retener las disposiciones sobre salarios para los trabajadores federales.
El gobierno debe ser un buen ejemplo para todos los patronos. Debe pagar salarios dignos y ofrecer prestaciones justas. La Ley Davis-Bacon les exige a los contratistas federales pagarles a sus empleados el salario imperante en la región local. La histórica ley de Normas laborales justas consolidó la protección jurídica para el pago de horas extras. Como presidente, protegeré estas protecciones vitales contra aquéllos que las quieren derogar.
- Proteger a los trabajadores en el empleo.
El gobierno de Bush le ha dado instrucciones a la OSHA (Occupational Safety and Health Administration, la entidad cuya misión es salvar vidas, prevenir lesiones y proteger la salud de los trabajadores de Estados Unidos) instándola a disminuir las sanciones a los patronos que exponen a sus trabajadores a peligros en el trabajo. Bush también ha tratado de cortarle el presupuesto a la OSHA, que de por sí tiene menos inspectores hoy de los que tenía en 1980. Con este proceder imprudente peligran todos los trabajadores. Yo considero que se deben imponer multas fuertes contra los empleadores que contravienen la ley. Además debemos aumentar los fondos de OSHA y de la entidad investigadora que la asesora. Y reemplazaré las débiles normas ergonómicas voluntarias del gobierno de Bush con reglas reales y punibles para quien las viole, que protejan la salud del trabajador estadounidense.
- Promover el comercio libre y justo.
El comercio internacional tiene el potencial de mejorar el estándar de vida tanto aquí como en el exterior, pero tenemos que asegurarnos de que los términos del comercio sean justos, y de que la competencia sea de igual a igual. Los derechos laborales son derechos humanos y los trataremos como tales. Las normas laborales básicas que se reconocen a nivel internacional tienen que formar parte central de todos nuestros nuevos convenios comerciales. Por último, debemos estar pendientes de procederes desleales por fuera del contexto de nuestros acuerdos internacionales. Por ejemplo, Bush no le ha impedido a China manipular sus divisas, en detrimento del trabajador estadounidense. Siendo yo presidente, eso no sucederá.
- Aumentar el acceso a la atención médica.
Mi plan de atención médica les ofrece a todos y cada uno de los estadounidenses acceso a atención médica sin reventarle el presupuesto. Mi plan se vale de créditos tributarios para reducir las primas que pagan muchos de los que ya tienen seguro médico. Para los trabajadores que no cuenten con un plan de atención médica auspiciado por su patrono, también propongo una opción de seguro de bajo costo: acceso al mismo plan federal de atención médica que reciben los miembros del Congreso.